Scheidy in Spain ... El Blog del Señor Scheideman en Español

O mon dieu! A French teacher who barely knows Spanish suddenly finds himself in Santiago de Compostela, Spain and documents his misadventures... in broken Spanish and a little Franglais.

24 juillet, 2006

Redacción USC/UNI

SCHEIDEMAN William

Borrador 2

“Un matrimonio implantará un microchip a su hija de 11 años para poder localizarla”

¿Es una locura o una utilidad? Qué buena idea recorrer a la ayuda técnica y medico para asegurarse de que sus niños jamás pueden ser robados ni secuestrados. Ahora cada padre y cada madre puede saber con la precisión de unos cuantos metros adonde están sus retoños en todo momento. Pienso que todos los padres, en cuanto la madre haya parido del bebé, deberían ser obligados a hacer implantar un microchip sobre su piel. ¿Cuántas veces ya había ocurrido el caso trágico de ver unos dos, tres o mas bebés haber sido confundido entre ellos, y crecido con familias que no son los suyos? Jamás habría tales confusiones, a menos que la confusión haya avenida antes de poner el microchip.

El alcalde de cada ciudad o aldea debería decretar la obligación de parte de cada madre, padre, abuela, y cualquier otro adulto a quien toca la responsabilidad del niño de la compra e instalación de una pantalla grande en el salón, siempre encendida. Eso es de importancia capital, porque así pueden seguir su movimiento de la cama, hasta el baño (hay siempre secuestradores escondidos detrás de la cortina de la ducha), sin olvidar por todo el camino hacia la escuela.

El pequeño dolor sentido por el niño es un precio de muy poco importancia frente al beneficio ofrecido por el microchip. Nunca más se verían en los noticias de la tarde informaciones sobre ningún caso de niños desparecidos a manos de un secuestrador perverso. Ahora en los Estados Unidos, cada día hay una nueva cara más sobre los cartones de leche vendidos en los escuelas con las palabras, “si has visto a este niño, llamarse al *911”. Los cartones de leche tendrán la oportunidad de encontrar nuevas funciones. Por ejemplo los fabricadores de cartones de leche podrían imprimir juegos, actividades pedagógicas y lúdicas donde, antes, estaban las caras tristes de los niños desaparecidos. El acto triste y trágico de beber leche en los Estados Unidos se convertiría en algo muy divertido y educativo.

Hay algunos que creen que poner un microchip encima de la piel del brazo de cualquier niño constituye una violación de los derechos humanos de los niños, los cuales, iguales de los adultos, tienen derecho a la privacidad. ¿Qué importan los derechos humanos? Podría ser que el lector haya olvido que estamos todos en una guerra mundial contra el terrorismo. El enemigo está en todas partes y debemos estar listos. La sola manera de combatir contra él es suspender todos los derechos humanos a toda la gente. Un microchip implantado en el brazo de cada ciudadano de cualquier país permitiría la localización de cada individuo vinculado al enemigo. Ya las informaciones telefónicas de los Norte-Americanos son interceptadas por el gobierno, así como las informaciones bancarias en los bancos mundiales. Ya, también, nuestro gobierno tiene derecho de “pescar” en los historiales de lectura de libros en la biblioteca de los ciudadanos, pero… ¡es insuficiente! No acabaremos con el enemigo de la civilización antes de que el movimiento de cada persona sea seguida par el gobierno.

Podemos estar tranquilos… Hoy en EL PAIS he leído un artículo sobre un microchip cuya implantación en el cerebro de un tetrapléjico permitiría al paciente recuperar autonomía y manejar un ordenador con solo un pensamiento. Pero, no es por eso que debemos estar felices: este avance de tecnología, esperamos, permitirá a nuestros queridos líderes políticos controlar cualquier pensamiento que no esté de acuerdo con su política.